Con esta perspicacia en mente, deseo compartir contigo una de mis clases, que con el transcurso del tiempo ha evolucionado para convertirse en una de mis preferidas. Inicialmente, la cuestionaba considerablemente, pero ahora la disfruto de sobremanera. Me estoy refiriendo a la fascinante experiencia de aprender de Klara Kokas.
Klára Kokas fue una destacada educadora musical y psicóloga musical húngara. Sus áreas de investigación abarcaban la pedagogía musical, la psicología musical y la musicoterapia.
Su trayectoria vital incluyó la graduación como profesora de canto y directora de coro en la Academia de Música Ferenc Liszt en 1950. Posteriormente, se convirtió en estudiante de pedagogía y psicología en la Universidad Eötvös Loránd (ELTE) entre 1965 y 1970, donde también obtuvo su doctorado universitario. A lo largo de su carrera, impartió clases en escuelas primarias en Szombathely, en el Instituto de Formación de Maestros y más tarde en el Hogar Educativo Münnich Ferenc.
En 1970, viajó a Boston, Massachusetts, ingresando al primer Instituto Americano de Entrenamiento Musical Kodály. Desde 1973, se desempeñó como docente en el Instituto de Pedagogía Musical Kodály Zoltán en Kecskemét, siendo invitada como profesora visitante en numerosas ubicaciones en Europa, América y Australia.
A partir de 1989, asumió la dirección de la Fundación Agape Música y Alegría, donde implementó la innovadora metodología Kokas, creando una escuela completa. Kokas publicó libros en varios idiomas y alcanzó el reconocimiento con sus películas y programas de video. A la edad de 80 años, falleció en Arlington, Texas, Estados Unidos, rodeada de su familia.
Aquí te describo la dinámica que seguimos en cada una de nuestras sesiones:
El participante típicamente experimenta, en cada sesión de la actividad Kokas, una serie regular de elementos, generalmente en el siguiente orden pero con proporciones variables a lo largo de las reuniones, durante un proceso de desarrollo más extenso.
¿En qué consisten estas sesiones?
El inicio de la sesión implica la reproducción de una canción introductoria, con la cual los participantes se reúnen. Este canto inicial a menudo se convierte en una canción de nombres, donde cada persona recibe atención en secuencia. La base de este canto de nombres es una canción folklórica húngara que permite variaciones textuales, improvisación vocal pentatónica y también la expresión a través del canto hablado. El canto de nombres facilita la conexión y la selección de compañeros dentro del grupo.
Todo esto sirve como base motivacional y un entorno de confianza para aprender nuevas canciones y participar en juegos vocales y teatrales despreocupados. Los miembros del grupo se inspiran mutuamente para interpretar las canciones de manera creativa, llevando a cabo improvisaciones dramatizadas con movimiento libre.
En este estado emocional positivo y saturado de motivación, los participantes experimentan la música antes de un momento crucial: la escucha en silencio y la concentración interna antes de que comience la pieza musical. Luego, la pieza se reproduce varias veces, siendo elecciones musicales clásicas que duran de 30 segundos a 2-3 minutos. Durante la repetición, cada individuo decide cuándo entrar en “baile”, que es siempre un movimiento libre y sin restricciones, ya que no hay coreografía predefinida.
Los participantes interpretan la música de manera individual o grupal, combinando la experiencia de movimiento con la dramatización de manera no verbal. Se forman historias a través de la transformación imaginativa, llevando a la creación de situaciones y roles. La repetición de la música ofrece tiempo suficiente para desarrollar escenas que pueden ser compartidas con el grupo.
Después de las presentaciones, sigue la narración y expresión verbal de la “obra de arte” compuesta de música y movimiento. Los participantes comparten sus experiencias de la actividad, ya sea a través de monólogos o diálogos, destacando la importancia de la cultura de preguntas del líder del grupo.
La siguiente etapa implica la expresión visual individual mientras los participantes pintan, dibujan o modelan con técnicas de arte variadas, continuando la reflexión sobre las experiencias musicales y de movimiento.
Finalmente, se cierra la sesión con el canto de despedida, que puede incluir canciones favoritas solicitadas por los miembros del grupo, y concluye con la extinción conjunta de una vela.
Toda esta explicación detallada sobre el proceso de las sesiones fue extraída de la página web de la asociación «Kokas Klára Agape Zene-Életöröm Alapítványa» se traduce como «Fundación Agape Música y Alegría de Klára Kokas».
La metodología mencionada previamente destaca como un método valioso en sí mismo. Sin embargo, para un desarrollo continuo de habilidades y personalidad, es esencial contar con la presencia de un guía educativo que posea una personalidad genuinamente creativa, auténtica, acogedora y empática. La ejecución efectiva de los elementos metodológicos distintivos recae en un educador cuya personalidad se distinga por su apertura, flexibilidad y una auténtica aceptación propia y hacia los demás. Este educador, imbuido con un interés profundo en explorar la naturaleza, la música y otras formas artísticas, demuestra habilidades expertas de observación con plena atención y participación. Reflexiona a fondo sobre casos individuales y procesos grupales, busca la autoeducación de manera continua, colabora de manera profesional, despliega creatividad en la resolución de problemas y se prepara meticulosamente para adaptarse a diversos escenarios.
Mantener los principios pedagógicos como marco para los métodos, actividades y la comunicación del educador es crucial. La atención total al niño u otra persona, el respeto innato a la individualidad y la creación de un ambiente confiable basado en la curiosidad, la aceptación sin prejuicios y el amor son fundamentales. El educador debe ofrecer refuerzo positivo, reconocer las valiosas contribuciones de la música y la canción en el proceso educativo, y ajustar las circunstancias materiales y mentales según las necesidades individuales, sin imponerlas. La apreciación de las formas de expresión únicas que emergen de la singularidad de cada persona, la adaptación al momento presente y la integración espontánea en situaciones emergentes son habilidades fundamentales. Además, permitir que cada participante se sienta libre al utilizar el espacio y al interactuar con los demás es esencial. Finalmente, establecer seguridad emocional mediante la consistencia y elementos de sesión claros se convierte en una parte indispensable de este enfoque.
En este viaje terapéutico, la musicoterapia no solo es una sinfonía que calma y consuela, sino una partitura que da voz a lo más profundo de nuestra existencia. Como dijo el eminente Dr. Oliver Sacks, neurólogo y amante de la conexión entre música y mente, “la música puede iluminar vidas y aliviar enfermedades mentales, es un medio de conexión entre los seres humanos”. Así, la musicoterapia no solo toca nuestras almas, sino que también acaricia el cuerpo y la mente, ofreciendo una sinfonía sanadora en el viaje de la vida. En sus acordes, encontramos la poesía terapéutica que nos eleva a un estado de bienestar profundo y duradero.
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